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Una nota histórica sobre la Astrología

La astrología nació como arte y método oculto de conocimiento desde el momento en que el ser humano empezó a mirar al cielo y a observar las estrellas.

Se sabe que hace miles de años ya se practicaba en Oriente Medio, y probáblemente en Extremo Oriente, y sus practicantes fueron elevados por su sabiduría a la categoría de magos. Unos seres, casi semidioses, que poseían la capacidad de predecir el destino de las personas y de los reinos. Inmediatamente se convirtieron en sumos sacerdotes de la realeza y en asesores de gobiernos y naciones que les consultaban para encauzar los destinos del país.

Los inicios de la astrología se remontan a antiquisimas civilizaciones. Las primeras noticias de culturas practicantes de la astrología nos llegan de Mesopotamia hace 5.000 anos. Posteriormente otros pueblos como los sumerios, caldeos, babilonios, asirios, persas, hindúes, chinos, egipcios, griegos, romanos y los cristianos, hasta la Edad Media, la utilizaron como forma de conocimiento superior, que incluso se enseñaba en las universidades junto a otras ciencias de la época, como geometría y aritmética.

La astrología era un conocimiento de iniciados, por eso su practica era selectiva y no estaba en manos del vulgo, sino de las castas intelectuales y religiosas. Sus designios estaban reservados para la nobleza, la política y la religión y era la ciencia que marcaba las pautas de comportamiento a seguir tanto en la evolución individual como en la colectiva de todo un pueblo.


La astrología en la historia

La astrología es la disciplina que, basándose en conceptos generales del uni­verso, formula que existe una relación entre el movimiento del Sol, de la Luna y de los planetas y las acciones o acontecimientos humanos.

En su larga historia, la astrología ha sido definida como ciencia, seudo-ciencia, brujería, arte, teología astral.

Desde hace unos treinta años se presta mayor atención a la astrología, y se estudia igual que las materias rigurosamente científicas; existen cátedras de astrología en las universidades más adelantadas del mundo, en las que se tratan los fenómenos ligados a la misma con tal seriedad que ha librado a esta ciencia de la fama de charlatanería que la había acompañado en el transcurso de los siglos.

Es evidente que no se puede considerar racionalmente válido el hecho de que la Luna, por ejemplo, ejerza su influencia sobre las mareas, si por otro las meteoroló­gicas y sus fases alternas repercuten en el ser humano.

La astrología nació cuando el hombre primitivo se encontró por primera vez ante el fenómeno de las mareas, de los eclipses de luna o de sol, de las estaciones y de los equinoccios. Antiguamente, las fechas se computaban según estos acontecimientos. Los sumerios y los babilonios desde el año 3000 a. de C., y los mayas y chinos desde el 1500 a. de C., no basaban el tiempo sólo en el Sol y la Luna, sino que hacían ya previsiones meteoroló­gicas y fundaban sus auspicios en las apariciones de nebulosas, de estrellas nuevas y de cometas.

Estas deducciones se verificaban con verdadero rigor científico, y los as­trólogos eran considerados no ya como magos, sino como expertos a quie­nes había que consultar periódicamente para que predijeran las inundacio­nes, las épocas de sequía o de escasez, etc.

Los fenómenos del plenilunio y los eclipses servían a los científicos de la época para predecir victorias o de­rrotas, periodos de guerra o de paz, desastres naturales o periodos de bie­nestar.

En el transcurso de los primeros siglos, los astrólogos ejercieron siempre una gran influencia sobre los gobernantes o sobre los que llevaban las riendas del poder.

Los dioses eran personificados por la Luna, el Sol y las estrellas, y se les atribuía especiales significados, misiones y poderes determinados. Mas no por ello se cerró la pura investigación científica sobre los astros, sino que se intensificó gracias a unos cuantos escogidos, que transmitían a otros elegi­dos sus conocimientos para fortalecerlos y constituir una clase privilegiada distinguida.

De este modo, se llegó a crear una casta de sacerdotes astrólogos, que co­nocían profundamente las reglas del tiempo atmosférico, que eran capaces de hacer predicciones, de establecer la suerte o la desgracia futura y de de­terminar con anticipación la voluntad de los dioses. Estos instrumentos per­mitieron la instrumentalización de la voluntad popular y de los soberanos, e hicieron de los sacerdotes una clase poderosa, los verdaderos jueces de la situación.

La contribución de Grecia en el campo de la astrología fue enorme: Alejandro Magno, con la conquista de Caldea, había traído magos y astró­logos de Babilonia a Grecia, donde ya varias corrientes filosóficas se inte­rrogaban sobre la naturaleza del universo: Empédocles, Platón y Aristóteles, entre otros, habían considerado los problemas de la creación y catalogaban la astrología como una ciencia divina.

Los griegos fueron también los primeros en transportar la astrología des­de la búsqueda de hechos futuros indeterminados al estudio de los indivi­duos y de las conjunciones astrales. De esta época histórica data el naci­miento del aforismo «nacer con buena estrella».

La ciencia griega llegó a Roma al conquistar esta los territorios próximos a los Balcanes. Tanto en la Roma pagana como posteriormente en la Roma cristiana, los astrólogos fueron considerados como sabios y estudiosos.
Una gran aportación a la ciencia de la astrología la realizó el griego Claudio Tolomeo, que vivió en Alejandría en el siglo II de nuestra era y que escribió dos obras de fundamental importancia, Almagestu y Tetrabiblos, es­te último empleado hoy en día como texto de astrología.

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